*Por Danny Nugkuag

La experiencia de los pueblos indígenas con la llegada de la COVID 19 a sus territorios ha sido sanadora. Muchas de las cosas que hemos vivido en carne propia o a través de algún familiar, amistad o conocido, nos ha enseñado a sobrellevar esta situación con fortaleza, ya sea desde las ciudades o los territorios de los pueblos indígenas.

Danny Nugkuag en acción

La pandemia, a su vez, significó tratar de contener la expansión y aprender a sobrellevar el hecho de que fuese llegando a cada rincón de las comunidades. Y también comprobar que el ya colapsado sistema público de salud peruano había llegado, posiblemente, a su peor momento en las últimas décadas.


Han pasado más de 8 meses desde que se inició la cuarentena y el “aislamiento social” ha tenido un impacto en nuestras vidas. Hemos tenido que aprender a adaptarnos no solo a llevar la mascarilla, protector facial, alcohol en gel, lavarnos las manos y medirnos la temperatura. Sin embargo, desde los pueblos indígenas, también hemos tenido que sobrevivir sin fuentes de trabajo, falta de implementación de puestos de salud, falta de alimentos complementarios, escasez de agua y saneamiento, y sin conectividad (señal de celular e internet). Todo ello en un espacio geográfico, en donde los pueblos indígenas están de manera dispersa a lo largo de ríos, quebradas, caminos, a horas y días de distancia.


Ante la situación crítica y de emergencia, el apoyo de diferentes instituciones públicas y privadas ha servido de mucho, sobre todo en aquellos lugares donde no se visibilizaba, por la falta de acceso a los medios de comunicación, la agonía que las comunidades venían resistiendo.

Las cadenas de solidaridad más que nunca fueron necesarias para conseguir plantas de oxígeno, medicamentos, víveres y todo aquello que ayude a sobrevivir frente a la pandemia. Un ejemplo claro del apoyo recibido fue el de la Embajada de Australia, a través de la red de exalumnos y becarios a la que yo pertenezco; permitiéndonos llegar con víveres a comunidades en Madre de Dios. Ellos habían tenido que cerrar los ingresos a sus territorios como mejor mecanismo de defensa para evitar el contagio, lo cual significó no poder salir a los centros poblados a adquirir víveres para complementar su alimentación.

La falta de medicamentos fue otro factor importante durante el estado de emergencia, pero fue aquí en donde los conocimientos ancestrales cobraron un valor indispensable, utilizando las plantas medicinales para curar la gripe como remedio para prevenir el avance de este nuevo virus que era más que una gripe simple, pero pudieron resistir.

Otro aspecto que debo resaltar han sido las cadenas de solidaridad y de apoyo que contribuyeron a poder tener una capacidad de respuesta en los lugares más alejados, que implicaba a su vez tener buenos facilitadores al momento de establecer diálogos con las autoridades comunales. Por esta razón, se tenía que adoptar medidas de seguridad y un protocolo que evite el contagio para no arriesgar a ninguna de las partes involucradas. Esto no ha sido una tarea sencilla, en muchos lugares rechazaban la ayuda porque se vivía una situación de incertidumbre y de desinformación que alarmaba a las poblaciones indígenas; por eso, el rol que nos tocó realizar muchas veces tenía que abordarse desde la percepción de la gente, la información previa y antecedentes del lugar. Si ya que en tiempos “normales” no es sencillo el ingreso por la desconfianza a cualquier actor foráneo ajeno a sus territorios, con el COVID 19 lo es menos.

Haciendo un rápido balance, puedo señalar que no hemos estado preparados para una situación como la pandemia, la cual ha cobrado miles de vidas en el mundo, y es en estos momentos donde la palabra hermano/a que se utiliza comúnmente en los pueblos indígenas, nos debe obligar a establecer lazos con aquellas personas y familias, sin distinción, independientemente en donde nos encontremos. 

El sólo el hecho de leer estas líneas nos pone de manifiesto que estamos con vida y podemos hacer mucho más, y que hemos podido soportar la pandemia. Cada uno de nosotros tiene una historia que contar, tantos familiares, amigos y colegas de trabajo ya no están, y que el destino y la vida nos está dando una oportunidad para hacer algo por nuestro mundo. Ese mundo puede ser la cuadra en la que vivimos, en la Av. Brasil con la Av. 28 de Julio o la Comunidad Nativa de Masenawa en Madre de Dios o la Comunidad Nativa de Wayampiak en Amazonas, dos regiones tan alejadas geográficamente, pero que las unen los problemas que tienen en común, pero también las mismas esperanzas y expectativas.

Recuerdo mi viaje a Australia en el año 2012 y las vivencias compartidas con los pueblos aborígenes y las visitas a Mont Isa y Brisbane. Algo que no podré olvidar es el museo al que fuimos, en donde vimos a muchos pueblos aborígenes en fotos, videos, con sus danzas, artesanía, pero que formaban parte de una historia pasada. Aquí en el Perú tenemos 55 pueblos indígenas vivos y vigentes, con conocimiento y sabiduría, algunos con pocos hablantes de sus lenguas indígenas. Pienso que tenemos la gran tarea de mantener vivas nuestras culturas y no verlas con tristeza en los próximos años en un museo y decir “alguna vez existieron 55 pueblos indígenas…”. Nos toca a cada uno de nosotros y a los tomadores de decisión, mirar y atender a los pueblos indígenas, distanciados sociales e históricamente olvidados.


*Danny es Coordinador Regional de la Dirección General de Derechos de los Pueblos Indígenas del Ministerio de Cultura. En 2012 viajó a Australia junto con una delegación multidisciplinaria para conocer la experiencia australiana sobre el manejo de la minería y su relación con los pueblos aborígenes. Durante el estado de emergencia por la COVID 19, Danny fue un actor activo en llevar asistencia a las comunidades indígenas amazónicas, coordinando la entrega de víveres y medicinas a varias comunidades en Madre de Dios, con fondos que la Embajada de Australia otorgó a iniciativas de sus exalumnos para mitigar los efectos de la COVID 19 en poblaciones vulnerables. Danny pertenece al pueblo Awajún.

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